Cancer curado en 3 minutos


Gregg, el trabajo que estas haciendo con la espiritualidad y el poder del pensamiento, ¿representa una separación entre tu pasado corporativo, técnico o es una continuación de ese pasado?

Lo veo como un claro progreso. 

Siempre he creído que no hay diferencia entre la ciencia y la espiritualidad, que cuando estudiamos química y física, estamos aprendiendo acerca de detalles prácticos de como funciona Dios en el mundo. 

Nací y fui criado en el norte de Missouri en una comunidad relativamente conservativa del centro-norte; estas nos eran el tipo de cosas de las que hablaba la gente todos los días. 

Pero supuse que todos pensaban en la misma línea y creían como yo creía. 

Pronto aprendí que nada puede estar más lejos de la verdad. 

Cuando fui a trabajar al mundo corporativo, descubrí que la mayoría de la gente creía que la ciencia y la espiritualidad están excluidas mutuamente, que teníamos que seguir el camino de la ciencia o el camino de la espiritualidad, que no podíamos ponerlos juntos.

Pero ¿crees tú ahora que este punto de vista está cambiando de gran forma?

Absolutamente. Tiene que cambiar y todos lo sienten. 

Todos sienten que algo esta sucediendo pero no pueden señalar exactamente que es. 

Hay tensión subyacente que trasciende los límites y naciones; las personas en todos lados sienten que algo ha cambiado. 

Hubo una conferencia en 2005, “Encrucijadas para el Planeta Tierra”, que unió a científicos, ingenieros, filósofos, lideres religiosos y espirituales de todo el mundo para considerar la pregunta, “¿Qué esta pasando?” ¿Es esto solo la paranoia del siglo veintiuno, o hay realmente algo que esta sucediendo aquí?” 

El resultado de esta pregunta fué tan profundo que los Científicos Americanos dedicaron su reunión de Septiembre de 2.005 al tema de la conferencia.

En el simposio, identificaron seis escenarios diferentes (cambio climático, la amenaza de guerra nuclear, tensiones virulentas e intratables de virus, etc.), si se permitiera que cualquiera de ellos completaran un ciclo, podría terminar la civilización para siempre y posiblemente la vida en la Tierra. 

Nuestros ancestros pudieron haber lidiado con uno o más de estos problemas en diferentes tiempos. 

Pero lo que hace este momento en la historia tan único, se dijo en el simposio, es que estamos experimentando las seis situaciones al mismo tiempo. 

Si vamos a sobrevivir esta vez, concluyeron, tenemos que comprenderlo en los próximos ocho o quince años. 

Dijeron: “Y la única forma en que vamos a hacerlo es pensar en nosotros y en nuestra relación con el mundo de manera completamente distinta a la que hemos hecho en el pasado”.

Y eso tiene que ver con casar el mejor entendimiento científico con lo mejor de la sabiduría espiritual?

Exactamente. Esta convergencia puede ser la verdadera oportunidad para redefinir quienes somos, como trabajar y cual es nuestro papel en el universo. 

Viene la pregunta científica del siglo veintiuno que nos ha ocupado mucho: ¿Somos observadores pasivos, manchitas insignificantes con muy poca influencia en el mundo?, O ¿Somos creadores poderosos que juegan un papel muy significante en lo que la realidad presenta? 

De modo interesante la respuesta a ambas preguntas es “Si”. Se determina por como decidimos ser nosotros, por nuestra buena voluntad de aceptar el poder que ha nacido con cada uno de nosotros, para incluir en la calidad de nuestras relaciones, la sanción de nuestros cuerpos, el éxito de nuestras carreras, la paz entre naciones. 

Como un individuo es fácil entrar en esa angustia existencial de sentirse insignificante.

¿Estas diciendo que hemos adoptado esa postura de “A mi no me importa” en una escala social?

Si, creo que es nuestro condicionamiento inconsciente. 

Nos hemos transformado en una sociedad basada en ciencia desde hace cerca de 300 años, cuando Sir Isaac Newton formalizo las leyes de la física. 

Desde entonces, hemos venido creyendo que somos seres sin poder, victimas de un mundo donde todo se separa de todo lo demás, que tenemos poca influencia sobre todo lo demás. 

Esto no es necesariamente algo de lo que se hable en el despachador de agua de la oficina; es un condicionamiento inconsciente con el que todos batallamos en cierto grado.

La ciencia de los milagros

 
Arriba